Benjamín
Fernández y Medina, La imprenta y la prensa en el Uruguay desde
1807 a 1900, Montevideo, Imprenta de Dornaleche y Reyes, 1900, 87
pp. Reseña.
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Aviso publicado en El Estenógrafo de Montevideo, en los primeros días de mayo de 1834. Foto: GGEM |
Justo en el cambio de siglo, apareció en Montevideo, Uruguay, un libro sobre la historia de la imprenta y la prensa en
esta ciudad, que en su momento fue una rareza editorial. El tema
registraba pocos antecedentes, derivados principalmente de los
trabajos de Antonio Zinny, historiador hispano-argentino, y de
Isidoro de María, cronista uruguayo; ambos se habían ocupado de
documentar el pasado decimonónico de la región de Río de la Plata,
en lo que corresponde hoy a las repúblicas de Argentina y Uruguay, abriendo caminos a la posterior investigación histórica profesional.
Aquel fue un libro pequeño, pero significativo, publicado por Benjamín Fernández y Medina (1873-1960), narrador, poeta, cronista histórico, periodista, colaborador de un diario católico llamado El Bien y diplomático al servicio de su país. Dio a su obra el título de La
imprenta y la prensa en el Uruguay desde 1807 a 1900,
indagando por su propia cuenta, pero valiéndose también de los
estudios previos de Zinny y De María, sobre todo para establecer la
correspondencia entre los actores de la historia de la prensa y sus
obras materiales, en un intento por describir y explicar una materia poco tratada hasta entonces en las obras historiográficas.
Desde
el principio de su exposición, Fernández y Medina rindió tributo
a Zinny, al calificar su investigación en torno al periodo 1807-1852
de "catálogo admirablemente documentado y anotado [...]".
Los cortes periódicos de Zinny parecen reflejar más el desarrollo
de los acontecimientos políticos que los del desarrollo de la
imprenta y la prensa en Montevideo. Y salvo por una ampliación
temporal, la periodización de Fernández y Medina parece también al
servicio de la comprensión histórica de la política.
Es
de llamar la atención que a pesar de que su obra no es consistente
con las conceptualizaciones teóricas de la historiografía en el
siglo XX, Zinny elaboró su investigación siguiendo un método, sin
elaborar mayores justificaciones. Fernández y Medina, en cambio,
imbuido probablemente de las influencias del positivismo científico
de la época, informó en el texto de la "Introducción"
acerca del criterio de selección que aplicó para escribir su obra y
dio una explicación de su método y de las razones por las cuales
las tomó en cuenta para su relevamiento: "por ser iniciales,
por las circunstancias en que aparecieron, por sus redactores, por la
actividad que tuvieron ó la influencia que ejercieron en hechos de
importancia, ó por haber aportado una innovación valiosa ó un
progreso de consideración, ya sea moral, ya para el periodismo ó
para la imprenta [...]"
La
obra de Fernández y Medina representa un esfuerzo de conjugación de
los datos básicos de la producción impresa periodística y sus
actores en el contexto político del siglo XIX en Montevideo, que
reúne en un solo texto observaciones propias sobre el tema,
combinados con los antecedentes obtenidos por Zinny y De María, que
fueron testigos del proceso descrito. Quizá el mayor mérito de esta
investigación fue el haber puesto claramente sobre la mesa un primer
periodo de la historia de la prensa, aquel que se puede llamar
preindustrial, antecedente del industrial que surge con la prensa de
vapor y el de masas, con la producción de imprentas rotativas y los
tirajes de miles de ejemplares. El libro publicado en 1900, sin
embargo, no deja de ser suplementario de la historia política, antes
que una reconstrucción de las prácticas del periodismo local y sus
motivaciones.
De
la imprenta jesuita a la Carlota y la Gaceta de Montevideo
En
el virreinato del Río de la Plata fue establecida la primer imprenta
en las misiones del Paraguay, aproximadamente en 1705, dice
Fernández. Después en Córdoba del Tucumán en el también jesuita
colegio de Monserrat, en 1767. Al ser suprimida la orden jesuítica
en América en este último año, la imprenta cordobesa fue
trasladada a Buenos Aires, aproximadamente en 1780. Se cree que el
primer folleto salido de esa imprenta fue uno titulado
"Representación del Cabildo de la ciudad de San Felipe de
Montevideo" en 1781. De la imprenta cordobesa salió en 1801 el
periódico llamado Telégrafo Mercantil, rural, político,
económico é historiógrafo del Río de la Plata, que fue
primero bisemanal y luego semanal, logrando circular en la región
durante dos años.
El
periodismo en aquel tiempo germinal era hecho por gente que tenía
una fuente de ingresos derivada de otras actividades económicas.
Otros ostentaban un cargo en la administración pública o eran
oficiales de las fuerzas armadas. Ese fue el caso de el
Telégrafo. Su redactor fue el extremeño, jurista y
militar Francisco Antonio Cabello y Mesa (1764-1824); había
participado en la redacción de un periódico en Madrid, llamado
Diario Curioso, Erudito, Económico y Comercial, y en la
fundación del Diario de Lima en 1790.
En Montevideo, el Telégrafo tuvo como corresponsal al poeta
español José Prego de Oliver (1750-?), administrador de la aduana
de esta ciudad en el final del Virreinato del Río de la Plata.
La
primera imprenta de Montevideo la trajeron los ingleses y sirvió
para producir la publicación bilingüe The Southern Star/La
Estrella del Sur. La sección inglesa fue redactada bajo la firma
de Veritas, quien "según se cree", dice Fernández, fue en
realidad un individuo conocido como M. Bradford. Atribuyendo el dato
a Zinny, Fernández afirma que la versión en español fue escrita
por "el cochabambino don Manuel Aniceto Padilla y el citado don
Antonio Cabello y Mesa, fundador del Telégrafo" (1801).
La
Estrella del Sur publicó un prospecto el 9 de mayo de 1807 y
cesó el 4 de julio del mismo año. Su colección consta de siete
números y un extraordinario. En su contenido, se pueden encontrar
muestras de una crítica al régimen colonial de España y el
enaltecimiento de la prosperidad de Inglaterra. La imprenta de los
ingleses, según Fernández, sirvió para imprimir textos
propagandísticos que se enviaron a Buenos Aires y prueba de esto,
agrega, es que en reacción a los dardos de propaganda, un Bando Real
de la Audiencia del 11 de junio de 1807 prohibió la introducción o
retención de gacetas inglesas de Montevideo, así como su lectura en
público o en privado.
La máquina de los ingleses se fue con ellos, dice Medina y
Fernández, aunque después se supo, por investigaciones de José
Toribio Medina, que fue finalmente vendida en Buenos Aires a la
Imprenta de los Niños Expósitos.
En
1810 llegó a Montevideo la imprenta regalada por la princesa Carlota
para congraciarse con las autoridades y habitantes de "la muy
fiel y reconquistadora", recibiendo el nombre de "Imprenta
de la Ciudad de Montevideo". Esta máquina tenía tipos
españoles variados. Su plancha alcanzaba para dar una hoja de 31x43
centímetros, el tamaño casi único de los bandos, proclamas y
gacetas extraordinarias de 1810 a 1814.
Fernández
compara los impresos de la motevideana con la de los Niños Expósitos
de Buenos Aires y asegura que los tipos y las impresiones "eran
mucho mejores". En este taller se produjeron textos que
añadieron color a los habituales impresos de tinta negra, según se
aprecia en la Gaceta Extraordinaria del 1 de diciembre de
1812, en rojo. Se hizo además el "Reglamento firmado para la
Junta de Comercio de Montevideo..." en 1811.
La
imprenta obsequiada a Montevideo fue obtenida por Carlota con la
ayuda del "conde de Linares", de acuerdo con una
investigación de Isidoro de María, editor de prensa de mediados del
siglo XIX, que dedicó un capítulo a la historia de la imprenta en
un libro titulado Montevideo antiguo, el cual es citado por
Fernández.
La máquina tenía una prensa y seis cajones para armar la
tipografía. Pero además la conexión con los portugueses se
confirma porque los tipos de la imprenta eran iguales a los de la
'Impressao Regia', "según lo comprobamos por las gacetas del
mismo tiempo".
La
infanta Carlota dirigió al Cabildo de Montevideo un mensaje que
tanto Fernández como Isidoro de María y Clemente Fregeiro han
considerado significativas a la hora de reconstruir la historia de la
imprenta montevideana: "Yo os la remito para que uséis de ella
con decoro y prudencia que os caracterizan".
Respecto a la misma, el Cabildo valoró que la máquina fue entregada
con "el loable fin de cimentar la opinión pública sobre sus
verdaderas bases" y "fijar la verdadera opinión de los
pueblos de este continente, publicando las noticias de nuestra
península (ibérica) y su verdadero estado político, que había
tratado de desfigurar la Junta Revolucionaria de Buenos Aires, para
prevenir los ánimos á la ejecución de un proyecto de
independencia".
En
la visión de Fernández, las declaraciones de Carlota y el Cabildo
motevideano revelan un fenómeno de comunicación política digno de
su tiempo, centrado en el uso de la imprenta y sus productos. "Se
ve claramente, por estas citas, cuánta importancia se dio y tienen
como órganos de propaganda política en el Río de la Plata, los dos
primeros periódicos publicados en Montevideo."
En
consecuencia, el Cabildo, según resolución del 24 de septiembre de
1810, resolvió que semanalmente se publicaran gacetas con noticias
que se vendieran a un "precio moderado" para "todas
las clases del pueblo".
La máquina fue instalada en el Cabildo y el prospecto de la Gaceta
de Montevideo apareció el 8 de octubre de 1810. Cinco días
después apareció en "un cuarto" de pliego el primer
número de esta publicación virreinal, que llevó al frente el
escudo de armas de Montevideo, con las cuatro banderas inglesas
abatidas, apresadas en la reconquista de Buenos Aires.
La
Carlota sirvió para la producción de unas 150 ediciones de la
Gaceta de Montevideo, entre ordinarias y extraordinarias, bajo la
dirección de Nicolás de Herrera. Fue sustituido en agosto de 1811
por el abogado Mateo de la Patilla y Cuadra, quien a su vez fue
reemplazado en la redacción y dirección por el "célebre"
-dice Fernández y Medina- Fray Cirilo de la Alameda y Brea, hasta la
publicación del último número del periódico virreinal, el (21 de
junio de 1814), cuando además se entregó al ejército
argentino-oriental, mandado por Alvear.
"A
decir verdad, la tarea del redactor de la Gaceta no era de
gran importancia. Como las otras publicaciones de esa índole, que
veían la luz en Río de Janeiro, en Buenos Aires y otras ciudades de
América, dedicaba una parte considerable á transcripciones de
noticias de las guerras [...] á oficios y comunicados oficiales
[...] reales decretos [...] bandos y proclamas de los virreyes y los
gobernadores, etc. Sólo daba tema más actual y variado á la Gaceta
de Montevideo, la oposición entre la Junta de Gobierno de Buenos
Aires y el virrey Elío y los montevideanos", escribió
Fernández y Medina.
De
la Imprenta de la Ciudad de Montevideo y El Sol al fantasmal
Periódico Oriental
Una
vez que Alvear tomó el poder en Montevideo, acabando con el
virreinato de Río de la Plata, el nuevo gobernante sustituyó a la
Gaceta con El Sol de las Provincias Unidas. Su redactor
fue Manuel Moreno, "doctor" [en derecho], secretario
delegado y gobernador político y militar de la Provincia de la Banda
Oriental, don Nicolás Rodríguez Peña. Fue su colaborador principal
Antonio Díaz, quien llegaría del ejército general. Fernández
apunta que, según Isidoro de María, en realidad el redactor
principal de El Sol fue Díaz. De igual manera, Antonio Zinny,
"cuya Efemeridografía es de una gran exactitud y con datos
directos, señala en la primera posición como redactor a Díaz y
como colaborador a Moreno".
La
colección de El Sol consta de 14 números, con un total de 52
páginas. Empezó a circular el 2 de julio de 1814 y terminó el 18
de septiembre del misno año. Publicó documentos relativos a la
rendición de la plaza de Montevideo y el decreto que repuso a José
Gervasio Artigas su grado de coronel del regimiento de Blandengues.
"Se puede decir con razón -sostiene Fernández y Medina- que
este periódico fue el que inauguró el verdadero periodismo en
Montevideo, saliendo del molde estrecho y rutinario de las gacetas
del dominio español".
La
Imprenta de la Ciudad de Montevideo fue parte del saqueo que Alvear
hizo de las propiedades públicas y privadas de los leales a España
en 1814 y a finales del año, tras ordenar la clausura de El Sol,
la tipografía fue llevada a Buenos Aires. Una prensa y unos tipos
móviles, "los peores", fueron dejados a la deriva en
Montevideo, tras el retorno de las tropas bonaerenses enviadas para
apoyar la expulsión del ejército imperial hispano. Con aquellas
piezas fue rehabilitada la imprenta y así se logró hacer la
impresión de algunos textos, cuyas especificaciones no aclaró
Fernández y Medina en su recuento.
La
necesidad de contar con una prensa fue objeto de la preocupación del
líder de la revolución oriental, José Gervasio Artigas. Prueba de
ello es que a los enviados del Directorio de las Provincias Unidas
del Río de la Plata les exigió que aparte de las indemnizaciones
cobradas a los españoles, se devolviera a Montevideo la imprenta
tomada por Alvear. Poco después, Artigas recibió el proyecto de una
publicación de cuatro páginas, conocido entonces como "prospecto"
y actualmente llamado "número cero", fechado el 15 de
octubre de 1815, bajo el nombre de Periódico Oriental.
Se preveía que la publicación saliera a la luz una vez por semana,
los viernes, insertando temas de industria, comercio, agricultura,
artes y ciencias, así como las "ocurrencias" del día,
dentro y fuera del país, según una expresión utilizada en aquel
tiempo en el espacio hispanoparlante.
Más
allá del prospecto, del Periódico Oriental no se conoce una
sola edición, a pesar del expreso deseo de Artigas de contar con un
medio impreso en la Banda Oriental. Poner a circular un periódico
era necesario "para fomentar la ilustración de nuestros
paisanos", escribió Fernández, atribuyendo esta justificación
al propio dirigente revolucionario, tomada a su vez del libro de
Justo Maeso, El general Artigas y su época.
Existe, en todo caso, la polémica acerca de si en su momento
circularon ediciones regulares del Periódico Oriental.
Fernández apuntó que, de acuerdo con Isidoro de María, sí se
imprimieron "uno o dos números" y atribuyó la redacción
al poeta "don Francisco Araúcho, que sería en tal caso el
primero en el orden cronológico de los periodistas orientales; pero
nos parece que hay error del veterano cronista, pues según la
comunicación del Cabildo a Artigas [...] el periódico no pudo
publicarse porque no había redactor, estando el señor [comerciante]
Mateo Vidal enfermo y el presbítero Larrañaga muy ocupado por el
curato". En su Historia de la prensa periódica de la
República Oriental del Uruguay 1807-1852, Zinny apuntó que
"solo hemos tenido a la vista el prospecto", elaborado en
la llamada Imprenta de Montevideo, y afirmó que "ignoramos si
salió a la luz el periódico, aunque creemos que no".
La
polémica también se extendió a quién escribió el prospecto del
Periódico Oriental. Fernández dice que las expresadas en él
son "muy de Larrañaga" y coinciden con discursos suyos de
la época, como el pronunciado en la inauguración de la biblioteca
de Montevideo, el 26 de mayo de 1816. "Este punto queda, pues, a
resolverse, y entretanto deben considerarse los primeros periodistas
orientales, en el orden cronológico, don Santiago Vázquez, don
Nicolás Herrera y don Pablo Zufriateguy, redactores en 1818 de la
Gaceta del Pueblo y El Hurón [...]"
Antes
de continuar con su visión del desarrollo de la prensa, Fernández y
Medina afirma que un impreso sobre las fiestas mayas de 1816
demuestran que en Montevideo existía una "imprenta regular".
La publicación titulada "Descripción de las fiestas cívicas
celebradas en la capital de los pueblos orientales el 25 de mayo de
1816" es un folleto de 16 páginas de un octavo de pliego. Luce
en la página 3 "un lindo grabado" representando el escudo
de la Provincia Oriental con cimera de plumas y el célebre lema:
"Con libertad ni ofendo ni temo".
De
la Imprenta Federal a la Typographia do Governo
En
1818, el general chileno José Miguel Carrera
(1785-1821) trajo a Montevideo una "imprenta viajera"
llamada "Federal". Sus publicaciones llevaban las firmas de
William P.Griswal
y John Sharp, norteamericanos que, se cree, acompañaban a Carreras
en su peregrinaje. La Gaceta de un pueblo del Río de la Plata á
las Provincias de Sud-América y El Hurón fueron impresas
en esta tipografía.
Con
esta imprenta se imprimieron también manifiestos, cartas de Carrera
y de un general de apellido Brayer. Mediante el uso de esta máquina,
Carrera pretenedió generar la idea de que sus productos venían de
los Estados Unidos, aunque todos sus colaboradores eran
sudamericanos: los chilenos, Diego Benavente, Pedro Nolasco Vidal y
Manuel Gandarillas, el general argentino Alvear y los orientales
Santiago Vázquez, Nicolás Herrera y Pablo Zufriateguy.
De
1817 a 1829 se publicaron no menos de 25 periódicos, según la
contabilidad de Fernández, muy probablemente hecha con base en la
información de Zinny.
El
primero en lengua portuguesa fue fechado en Montevideo el 11 de abril
de 1822, seis años después la invasión brasileña a la Banda
Oriental, y en su única edición llevó por título: Cisplatino
ou Escholo da Veracidade.
Otros periódicos de mayor vida en el mismo idioma fueron El
Semanario Político (1823), Gazeta de Montevideo (1829) y
el semanario bilingüe Gaceta Mercantil de Montevideo
(1826-1829).
En
apreciación de Fernández y Medina, otros tres periódicos de menor
trascendencia fueron publicados en la década de 1820: El Pampero,
El Aguacero y El Ciudadano, siendo Santiago Vázquez y
Juan Francisco Giró, dos de sus destacados redactores.
La
Gaceta Mercantil de Montevideo brilló entre todas estas
publicaciones no solo porque tuvo la mayor duración, sino también
porque publicó un texto historiográfico sobre lo que con el tiempo
habría de ser nombrado como Uruguay, que pudo ser el primero si no
se cuenta como tal el "Diario
de Figueroa", en referencia al Diario del sitio de
Montevideo en los años 1812-13-14,
escrito en verso por Francisco Acuña de Figueroa, quien fue testigo
del sitio, estando dentro de la ciudad entonces amurallada.
Los
periódicos escritos en español mencionados dan una idea de las
costumbres de la época y para apreciar "la libertad de que
gozaban los periodistas para satirizar á los dominadoes extranjeros
y hasta para tratar de la independencia del país con la franqueza
que puede comprobarse principalmente en El Ciudadano,
redactado, según Zinny, por don Santiago Vázquez".
En
la década de 1820, llegaron más imprentas a Montevideo y todas
ellas, según cita Fernández y Medina a Isidoro de María, fueron
traídas desde Buenos Aires: la de Torres y la de J. M. Arzac. La de
los hermanos Ayllon o de los Ayllones, fue inicialmente la máquina
que había importado el chileno José Miguel Carrera, pero no se
conformaron con eso, pues fundieron sus propios tipos metálicos y
además construyeron una prensa para don Nicolás Botana. Una más
cuyo origen específico se desconoce funcionó bajo la denominación
Typographia do Governo.
En
el periodo de dominación brasileña y entre las de propiedad
privada, la principal fue la Imprenta de Torres. En este auge
impresor, fue fundada en 1822 la Imprenta de la Caridad, adquirida y
administrada por la Hermandad de la Caridad, que ya había
establecido en la ciudad un hospital. En esta prensa salieron los
mejores libros de 1823 a 1837, dice Fernández, sin mayores
aclaraciones.
Otra
prensa traída desde Buenos Aires en 1826 fue la Imprenta de la
Provincia, que fue manejada por los tipógrafos Francisco Pareja y
José María Rosete. En este taller fincado en Canelones se
produjeron la Gaceta de la Provincia Oriental, de noviembre de
1826 a febrero de 1827; el Eco Oriental, de marzo a abril de
1827; el Registro Oficial de la Provincia. Con la misma
máquina, pero en Durazno, se imprimió El Guarda de sus Derechos,
de noviembre de 1827 a febrero de 1828. Aquella imprenta sirvió para la publicación de la Gaceta de la Provincia
Oriental, primer periódico provincial hecho fuera de
Montevideo, redactado por Gabriel Ocampo, Juan Andrés Ferreira y
Franciso Solano de Antuña, según información de Fernández y
Medina (dato que Zinny no proporcionó).
En
otro empeño tributario de la historia política y no de la historia
del periodismo, Fernández y Medina escribió que el Boletín del
Ejército Republicano fue elaborado en la Imprenta de la Provincia,
lo que por demás fue puesto en duda años después por Juan Ernesto
Pivel Devoto, sin más explicaciones. Según Zinny, los brasileros
también tuvieron un impreso de campaña, hecho en la Typographia
Imperial do Exercito.
Antonio
Díaz, el diarismo y el ocaso del pequeño taller de imprenta
El
año 1824 fue altamente notable para la historia del periodismo en
Montevideo, porque fue impreso el primer diario de esta ciudad, pero
este dato pasa inadvertido en la investigación de Fernández y
Medina, como también el hecho de que en 1829 y 1830 es cuando se
afianza esta práctica periodística en la ciudad. Para este
historiador, en esos dos últimos años se publicaron varios
periódicos, "casi todos sin importancia, a excepción de El
Universal", que comenzó a ser publicado en 1829 "bajo
la responsabilidad del entonces coronel y después general Antonio
Díaz". Comenzó como trisemanal y después como diario hasta
1838.
El
Universal "es de una importancia considerable para la
historia" en la década de 1830, "habida cuenta de las
vinculaciones y tendencias políoticas de su redactor, el cual fué
por otra parte, una personalidad eminente como militar, como escultor
y como político. El Universal debe, en efecto, considerarse
como el primer diario que sostuvo en la prensa la política del
partido blanco (el del general Oribe), nás tarde llamado nacional".
En
la génesis de la vida republicana, la libertad de imprenta fue un
tema relevante. En un discursos pronunciado durante los debates
constitucionalistas, el letrado José Ellauri, al hablar de las
libertades y derechos de los que debía gozar el pueblo oriental,
apuntó que la libre acción de imprimir es "salvaguarda,
centinela y protectora de todas las otras libertades". En este
ambiente político, en el periodo de 1830 a 1837, la prensa adquirió
un "desarrollo notable" con la publicación de 50 diarios y
periódicos, escribió Fernández y Medina con base en el recuento
de Zinny.
En
1835 y 1836 circuló El Nacional, que tuvo varios redactores
hasta que llegó Andrés Lamas, siendo muy joven, pero ya
perfilándose para ser el diplomático y estadista que llegó a ser
en la segunda mitad del siglo XIX. Fue asediado por el gobierno de
Manuel Oribe, que "hizo cesar el diario y desterró al redactor
al Brasil sin más recursos que la ropa puesta. En el orden
cronológico, creemos que fueron El Nacional y don Andrés
Lamas el primer diario y el primer periodista perseguidos [...]".
Esta publicación, que reapareció en 1838 y mantuvo su factura por
ocho años más, fue en la práctica el primer diario del Partido
Colorado, fundado por Fructuoso Rivera. En su resurgimiento El
Nacional fue redactado por Lamas y Miguel Cané, a quienes se agregó
Alberdi. También fueron sus colaboradores Juan Thompson, Félix
Frías, Luis Domínguez, Bartolomé Mitre y Rivera Indarte, que se
hizo cargo de la redacción desde 1839 hasta 1845.
También
a partir de 1835 se publicó El Parnaso Oriental, que Zinny cuenta como
periódico por haberse publicado por entregas, aunque es una antología poética. El primero de los tres tomos fue
publicado en Buenos Aires, pero los dos últimos en Montevideo, a
cargo de la Imprenta de la Caridad. El autor de la compilación quedó como un anónimo, pero se sabe -y Fernández y Medina no lo reportó- que fue labor de Luciano Lima. Cada oda y cada verso está atribuida a su respectivo creador. La última entrega fue publicada en 1837. Fue Gustavo Gallinal quien la reeditó en 1927, haciendo las observaciones acerca de la recolección hecha por Lira, durante tres años.
Para
1838 ya se habían mudado a Montevideo los unitarios argentinos, que
huyeron de la tiranía de Rosas, que se declaraba en el bando de los
llamados federalistas. En ese contexto comenzó a existir el
bimensual El Iniciador, que "reflejó la cultura de la
época y las aspiraciones de la juventud, ya en medio de la lucha
civil y en vísperas de la Guerra Grande". Lamas fundó El
Iniciador con el argentino Miguel Cané. Tuvieron como
colaboradores a Juan María Gutiérrez, Esteban Echeverría, Félix
Frías, Tejedor, Juan Cruz Varela, Bartolomé Mitre y otros
argentinos. Hubo en este periódico una "adelantadísima cultura
literaria". Tradujeron a Lord Byron, Víctor Hugo y Lamartine.
La importancia de El Iniciador atrajo la atención del
escritor José Enrique Rodó, que publicó un estudio sobre este
impreso en la Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales
en octubre de 1896.
La
investigación sobre la historia de la imprenta de parte de Fernández
y Medina se ocupa de un largo periodo de un siglo que se puede
subdividir en dos lapsos. El primero corresponde a un periodo
preindustrial en el que la imprenta era un pequeño taller con
capacidad para producir alrededor de 400 copias diarias de un
periódico de cuatro páginas. La invención de la prensa de vapor
hacia mediados del XIX significó un paso hacia la prensa industrial,
que en la medida en que se fue consolidando esta maquinaria y fue
capaz de producir grandes tirajes, llevó a la prensa a su edad de
oro, en las primeras décadas del XX. Esta nueva maquinaria fue
introducida en Uruguay en la década de 1860, facilitando las
condiciones para fundar El Siglo, que marca el salto de la
prensa uruguaya del taller al periodo industrial industrial.
Fernández y Medina lo describió de la siguiente manera:
"Al
siguiente año (1863), apareció El
Siglo,
que
inauguró una imprenta á vapor con máquina de retiración (la
primera que hubo en el país). Este diario, que desde un principio
señaló un progreso notable, sobre todos los publicados
anteriormente y los de su época, fué también desde entonces un
diario de importancia superior por el carácter de sus redactores y
por sus informaciones completas. Fué el alma de su fundación y
dirección durante mucho tiempo, don Adolfo Vaillant, francés de
origen y tan inteligente como ilustrado; y redactores principales, en
los primeros años, Elbio Fernández, Fermín Ferreira y Artigas,
José Pedro y Garios María Ramírez, Julio Herrera y Obes y Pablo y
Dermidio De María. Su historia está vinculada a la historia
política y económica del país, desde 1863 hasta la actualidad, y
sería Imposible prescindir de él para ese largo período. Lo que es
La
Gaceta Mercantil
(1826-29),
El
Universal
(1829-38),
El
Nacional
(1835-36,
1838-46) y El
Comercio del Plata
(1846-51),
para el período de 1823 á 1851, lo es El
Siglo
para
el que abarca su publicación. Los primeros escritores del país han
colaborado en él ó han sido sus redactores [...]"
Durante
los siguientes años, los periódicos siguieron saliendo a la luz cada vez con más frecuencia, pero también desapareciendo con poca gloria, de acuerdo con la crónica histórica de Fernández y
Medina. El taller de imprenta se iría extinguiendo hasta dar paso a
dos diarios que tendrían lugares prominentes en el siglo XX: El
Bien (1878), un diario
católico que luego agregaría un concepto a su título para
denominarse El Bien Público, y El Día (1886). La
prensa de masas vendría a tomar su lugar en Uruguay, en consonancia
con el resto del mundo occidental. En la obra de
Fernández y Medina, la narrativa tiene como hilo conductor el
servicio que las tipografías rindieron a la política y no deja duda
de que en su concepto la historia de la imprenta y de la prensa fue el de ser tributarias de la historia política.